
Es indiscutible que la agenda informativa de lo que va del año ha estado marcada por hechos de violencia en establecimientos educacionales y esto no sin fundamentos. De acuerdo con el reporte trimestral de la Superintendencia de Educación, durante el primer trimestre de este año se recibieron 2.441 denuncias y en el segundo 6.237. Este aumento no sólo nos impacta por su magnitud sino también porque el 70,8% se debe a situaciones vinculadas a problemas de convivencia. Este dato, lamentablemente, no es anecdótico y debemos ver que refleja un problema estructural que, si no se aborda desde la prevención, seguirá reproduciéndose dentro y fuera de las escuelas. Se trata de riñas, amenazas, golpizas y armas al interior de los establecimientos escolares que ponen en riesgo a toda una comunidad educativa.
Lo que tienen en común estos incidentes, sin importar el tipo de establecimiento en el que ocurran o quienes protagonizan, es la vulneración a los derechos a la educación y a una vida libre de violencia, lo que menoscaba el rol protector y socializador que le corresponde al sistema educacional. Estamos frente a un fenómeno que no se limita a peleas entre adolescentes, sino al debilitamiento de las comunidades educativas y su capacidad de ser un refugio, particularmente en los contextos más vulnerables.
Ante este escenario crítico, porque sabemos que una mala convivencia escolar se ve reflejada en peores niveles de aprendizaje, aumento de ausentismo y detrimento del bienestar de la comunidad educativa, es necesario llamar la atención sobre la urgencia de adoptar medidas inmediatas que apunten a fortalecer las herramientas de los adultos dentro de las escuelas.
En Fundación Paz Ciudadana, gracias al programa Paz Educa, que es una intervención que desde hace 20 años implementamos en establecimientos escolares que reciben subvención del Estado y que contribuye al fortalecimiento de la gestión de la convivencia escolar, promoviendo medidas de prevención de violencia y resolución pacífica de conflictos bajo un enfoque formativo, hemos aprendido que la calidad de la respuesta adulta es decisiva para interrumpir ciclos de violencia.
La violencia escolar lejos de ser un problema exclusivo de los establecimientos educacionales es reflejo de lo que ocurre en nuestra sociedad. Abordarla requiere de un compromiso colectivo, sostenido y basado en la evidencia. Si queremos que niños y niñas crezcan en entornos seguros, adquiriendo la capacidad de aprender y convivir en paz, debemos invertir hoy en su desarrollo socioemocional y en políticas de prevención que trasciendan las paredes del aula.
El desafío, entonces, es contar con adultos preparados para entender las causas de la violencia, detenerla, mediar en los conflictos y acompañar a los estudiantes, es decir, equipos directivos y encargados de convivencia con herramientas para gestionar la convivencia escolar.
Estas intervenciones no solo impactan la convivencia dentro de las aulas, también tienen el potencial de entregar herramientas para la vida futura de niños y jóvenes, fomentando su habilidad de resolver conflictos pacíficamente y fortalecer su capacidad de diálogo, competencia básica para avanzar hacia un país más cohesionado y seguro.
Gayle MacLean
Directora del área de Justicia y Prevención de Fundación Paz Ciudadana.
“Esta noticia ha sido producido con la asistencia financiera de la Unión Europea. El contenido del mismo es responsabilidad exclusiva de Fundación Casa de la Paz y Fundación Paz Ciudadana, y en ningún caso debe considerarse que refleja la posición de la Unión Europea”.