Violencia escolar: un problema de adultos

Por Rodrigo Bassaletti Contreras, psicólogo educacional, Fundación Paz Ciudadana.

Suele escucharse que “el bullying ha existido siempre”, como si eso minimizara las consecuencias del acoso escolar. Al contrario, la evidencia es categórica al mostrar que hay diversos efectos tanto en quienes han sufrido este tipo de maltrato, como en quienes agreden a otros pares. A lo anterior, sumaría el silencioso impacto que éste u otros tipos de violencia provocan en los niños, niñas y adolescentes que observan esas situaciones, especialmente si los adultos relativizan sobrenombres, burlas o amenazas, “porque son cosas de niños”. La violencia se naturaliza, se normaliza y se replica.

Según el último sondeo sobre bullying desarrollado por el INJUV (marzo, 2017), un 84% de jóvenes entre 15 y 29 años declara haber presenciado actos sistemáticos de agresión hacia otros pares. Al preguntar sólo por el año 2016, un 60% señaló haber visto insultos o garabatos y un 58% reportó burlas o descalificaciones. Esto implica que más de la mitad de los jóvenes encuestados señalan haber sufrido algún tipo de agresión, sólo en el último año. Por otro lado, la Agencia de la Calidad de la Educación advierte dos conclusiones del indicador Clima de Convivencia Escolar, extraídas del SIMCE 2016: en 6º básico, sólo un 38% de los estudiantes se ubica en el grupo alto, es decir, quienes perciben un buen clima en su colegio, mientras que a menor nivel socioeconómico, la percepción es más negativa.

Lo anterior preocupa y demanda a la sociedad a intervenir la violencia en las escuelas, especialmente en un contexto de transformaciones, con énfasis en la inclusión y la no discriminación. La pregunta que surge es: ¿cómo intervenimos?

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